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21 de noviembre de 2018

Ángel, diez años

        Es inhabitual pero sucede: una persona sintetiza en su comportamiento las mejores calidades de la sociedad y logra unir a los ciudadanos. Gracias a la potencia positiva de un solo ser, los compañeros dicen adiós a la minucia política que los separaba. Sin palabrería, allá por donde pasa se hace colectiva la ética del individuo. He constatado que mucho de esto ocurrió con la conducta del poeta Ángel Campos Pámpano. Paralelamente a la escritura de sus versos, promovía gran número de actividades artísticas. Lo hizo con una estrategia educativa transparente: no utilizaba el arte menor para acercarse al público, sino que ofrecía a las capas populares de su tierra los bienes más refinados de la cultura. Asimismo, cuando España aún miraba con altanería o desdén a Portugal, él creó revistas para la comunicación literaria de los dos países y tradujo los textos de Fernando Pessoa, Eugénio de Andrade, Sophia de Mello Breyner Andresen. Moderó nuestra prepotencia. Pronto tuvo a su lado a Álvaro Valverde, Elías Moro, Carlos Medrano y otros jóvenes inquietos. El editor Manuel Borrás se esmeraba al difundir los trabajos del poeta. Mientras los dirigentes de las regiones ricas seguían contando las monedas, el literato y profesor extremeño supo convencer a algunas autoridades sobre el poder liberador de las palabras. Tampoco se olvida su acierto pedagógico de poner a los principales autores ibéricos en contacto con los alumnos de enseñanza secundaria. Así hasta su muerte. En mis viajes a Extremadura no he conocido a ningún escritor que pronuncie una frase despectiva al referirse a Ángel Campos Pámpano. He visto una comunidad unida por el nombre de un creador ausente.

El poeta FJ Irazoki escribe en Ciento noventa espejos 95 capítulos de 190 palabras exactas cada uno.
Estas dedicadas a Ángel conforman el capítulo 35.

1 de diciembre de 2014

Ángel

Ángel Campos Pámpano. Una personalidad imprescindible en la cultura extremeña de las últimas décadas. Imprescindible por su dedicación a esta tierra; imprescindible por sus ideas, siempre constructivas; imprescindible por sus numerosos proyectos, siempre integradores; por mostrar el camino de la cercanía con Portugal; por el recuerdo imborrable que ha dejado en sus alumnos; por su bonhomía; por la exigencia que se impuso como poeta.

Casi de repente, Ángel nos dejó un 25 de noviembre de 2008 y algunos, muchos de nosotros necesitamos recordarlo constantemente porque nos parecería que de este modo sigue aquí, aún con nosotros.

Vamos a dedicarle este reportaje, que consiste en una selección y recopilación de documentos esparcidos por la red que traemos hasta este blog; vamos a acercar la figura de este poeta y profesor extremeño para mostrar con ello tantos motivos por los que necesitamos recordarlo y para que quienes no lo conocieron puedan tenerlo cercano.