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7 de junio de 2018

Patria

   Me consta que Fernando Aramburu, tan ocupado en la promoción de la novela, desconoce aún que ostenta el galardón de ser el autor más leído de este club de lectura de profesores (por el momento, Fernando, no te vengas arriba, txabal). Y es que, en efecto, ya tuvimos un anticipo de esta sesión de hoy cuando comentamos su novela Años lentos allá por el año 2014. Tantas cosas han pasado desde entonces... Sin ir más lejos, aquella sala de reuniones donde celebrábamos ni existe hoy.
     A lo que vamos... En esta ocasión, después de varios aplazamientos, reunimos un par de mesas de la biblioteca, ánimo y asistentes suficientes para sentarnos a comentar las impresiones de lectura de esta novela que desde finales de 2016 ha ido escalando hasta los setecientos mil ejemplares, ha sido traducida a más de diez lenguas y ha obtenido los más prestigiosos premios literarios de nuestro país. Digo que hay que reunir ánimo porque, aunque literalmente se devoran, el librino sobrepasa las seiscientas páginas, y digo que hay que hacer acopio de asistentes porque se necesita interés del verdadero para intercambiar con compañeros notas de lectura merendantes (como hubiera dicho Aramburu). Me consta (también) que los lectores de Patria en el instituto han sido numerosos ¿cómo si no se hubiera ascendido hasta esa cifra desorbitada de ventas?; sin embargo, los dispuestos al café, bollo y chocolate hallándonos en esta época tan próxima a la operación biquini y sus estrecheces fuimos estrictamente nueve.
    Y a estas alturas ¿quedará alguien que desconozca las líneas generales de la novela? ¿Alguien tan al margen de los mentideros que no disponga casi de un criterio sobre si su oportunidad alcanza el oportunismo? ¿Alguien a quien no le haya dicho alguien que, bah, pseh, pero si se trata de una novela de tesis, una novela a la que se le ven las costuras ideológicas? ¿Alguien que no haya oído hablar de si es maniqueísta y superficial o por el contrario profunda y honesta? ¿Uno que no haya oido en la cola del súper que le sobran tres cuartas partes y media docena de personajes o que yo no le quitaría ni una coma, oye?
     Desde luego, abordar los componentes químicos de la nube tóxica que invadió el territorio vasco (penetrante metáfora, profesor Reveriego) no es una novedad en la obra de Aramburu, pues sabemos que resulta un tema predilecto para este donostiarra que ha observado el duro devenir de su patria poniendo distancia desde Alemania, donde vive. Basta reparar en las portadas de Años lentos y Patria, en las que la lluvia cala hasta los huesos; no puede ser casualidad.
     Terminamos. Es una constante del club de lectura en general y esta sesión no iba a ser excepción: leemos a solas, sin embargo, una vez reunidos alrededor de este par de mesas, el sentido de la obra se construye o deconstruye en grupo. Así pues, gracias compañeros por compartir vuestras impresiones sobre una obra densa o no, puede que eficazmente construida y elaborada, emotiva en tantas situaciones que no son para tanto, con un perfil tan humano en las aristas de sus personajes tal vez y que expresa con tanta sabiduría la necesidad del alivio ¿tú crees? ético.

25 de octubre de 2016

Bob versus Dylan

Croquis que podría ser de la salita suecä de BØb
   ¡Vaya puntería que hemos tenido contigo, Bob! Nos hemos lucido. Cuando estábamos decidiéndonos vas tú y te haces el suecö. Vamos que ni siquiera te coscas en el official Dylan site. Hombree...
      La semana pasada no sabíamos a qué criterio adherirnos: que si no tenías el carné de poeta, que si Ferlosio tocase la armónica ... En fin, no habíamos debatido tanto desde aquello de Del Bosque y el falso nueve ... Y a estas alturas vamos a tener que abstenernos, porque eso de que el galardón fuera a parar a tu cirrículumn visto lo visto ya parece cosa nimia y pasada; que ahora te estás poniendo estupendo y no respondes. Bueno, seguro que cuando vuelvas de la gira te sientas un ratino en el sofá y pones las cosas en su lugar; como si ordenaras el chinero de ikea de la salita.
     Y a lo que vamos, mientras te lo piensas seguimos cargándonos de argumentos a favor o en contra, corroborando o disintiendo con uno y otro.
     Con Agustín Fernández Mallo en El Cultural (-): Un corazón no funciona sin la totalidad de un cuerpo. O con Fernando Aramburu en El País (+): Lírica viene de lira.
      Y vuestas aportaciones en los comentarios de este post.